Adelfopoiesis: el matrimonio gay de la Edad Media

Si lleváis un tiempo en redes sociales relacionadas con historia LGTBIQ+, seguramente ya conocéis la historia de Elisa y Marcela, la que consideramos la primera boda homosexual en España (en el año 1901).

Y si lleváis aún más tiempo, puede que os hayáis topado con la palabra «adelfopoiesis» y con la historia de dos hombres que, en el año 1061, se juraron fidelidad en una pequeña iglesia gallega. La pregunta que más se repite es siempre la misma: entonces ¿existía ya el matrimonio gay hace casi mil años?

La respuesta con rigor histórico es que no, técnicamente no. Pero la respuesta con un poco de fantasía es que sí. Te la contamos.

¿Qué es la adelfopoiesis?

La palabra viene del griego y significa literalmente «hacer hermanos» 🤨

Era un rito practicado por distintas iglesias cristianas (sobre todo en el Mediterráneo oriental, aunque también está documentado en la península ibérica) durante la Edad Media e inicios de la Edad Moderna, mediante el cual dos personas del mismo sexo, normalmente hombres, formalizaban una unión ante testigos y, en muchos casos, ante un sacerdote. Vamos, una boda gay de toda la vida si me preguntas a mí.

Quienes se sometían a este rito se comprometían a compartir techo, bienes y responsabilidades, a cuidarse mutuamente y, en algunos textos conservados, a heredar el uno del otro.

En latín se conocía como fraternitas iurata (fraternidad jurada). Y sí, «fraternidad jurada» y «pacto de hermandad espiritual» son los nombres más discretos que la Edad Media supo ponerle a dos hombres jurándose delante de un cura que iban a compartir cama, casa y bienes hasta que la muerte los separara. Llamadlo como queráis, pero vamos, a mi más gay no me puede parecer.

El caso español: Pedro Díaz y Muño Vandilaz (1061)

El 16 de abril de 1061, en la parroquia de Santa María de Ordes, en el actual municipio ourensano de Rairiz de Veiga, dos hombres llamados Pedro Díaz y Muño Vandilaz firmaron un documento ante testigos y con el consentimiento del párroco. En él se comprometían a compartir vivienda, bienes y trabajo, y a que, si uno moría antes que el otro, el superviviente heredaría la propiedad y los documentos.

adelfopoiesis boda gay medieval

El pergamino se conservó en el Tombo del Monasterio de Celanova y hoy está depositado en el Archivo Histórico Nacional. Lo sacó a la luz el jurista Eduardo Hinojosa a principios del siglo XX en sus estudios sobre las germanitas (pactos de fraternidad artificial en Galicia, León y Portugal) y, más recientemente, lo ha analizado en profundidad el filólogo Carlos Callón en su libro Amigos e sodomitas. Se considera el caso más antiguo documentado en la península ibérica.

¿Era esto una boda gay como la entendemos hoy?

Aquí vamos a ir con cuidado porque cuando esta historia se cuenta en redes sociales se simplifica mucho para que sea más atractiva.

La versión de los historiadores

El historiador estadounidense John Boswell, en su libro Las bodas de la semejanza (1994), defendió que estos ritos eran el equivalente premoderno de una unión entre parejas del mismo sexo, y que el cristianismo primitivo no siempre fue tan hostil hacia la homosexualidad como se ha dado por hecho. Otros historiadores, como Brent Shaw, le han llevado la contraria: sostienen que los textos originales hablan de «hacerse hermanos», no de matrimonio, y que no hay indicios explícitos de que estas uniones tuvieran una dimensión romántica o sexual reconocida por la Iglesia.

La versión con menos rodeos

Puede que oficialmente nadie estuviera casando a nadie, vale. Pero dos hombres jurándose ante un altar que van a compartir casa, cama, bienes y herencia hasta la muerte, con la bendición de un sacerdote de por medio, es un matrimonio con un nombre más discreto. Nos gusta pensar (y no creo que vayamos muy desencaminadas) que para algunas de esas parejas, la adelfopoiesis fue precisamente eso: el resquicio legal que la Edad Media les dejó para vivir su vida en pareja sin tener que llamarlo por su nombre. Un hueco pequeño, sí, pero hueco al fin y al cabo.

De la adelfopoiesis al matrimonio igualitario actual

Entre la adelfopoiesis y el matrimonio igualitario que conocemos hoy hay casi mil años de diferencia, y ninguna continuidad legal directa: el rito medieval desapareció con el Concilio de Trento y la Iglesia católica nunca lo reconoció después como forma de matrimonio. Pero como antecedente histórico, cambia una idea muy extendida: la de que la homosexualidad fue siempre y en todas partes invisible o perseguida sin excepción.

España fue, siglos más tarde, uno de los primeros países del mundo en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2005. Si os interesa esa parte más reciente de la historia, la contamos con más detalle en nuestro artículo sobre la legalización del matrimonio igualitario en España.

Preguntas frecuentes sobre la adelfopoiesis

¿La adelfopoiesis era legal según la ley civil medieval?

No existía una «ley civil» en el sentido actual. Era un rito reconocido por la Iglesia y validado ante testigos, con efectos prácticos sobre la herencia y los bienes compartidos, pero no equivalía al matrimonio civil tal como lo entendemos hoy.

¿Se practicaba solo entre hombres?

La inmensa mayoría de los casos documentados son entre hombres, aunque algunos historiadores señalan también uniones femeninas equivalentes, peor documentadas por la propia naturaleza de los archivos medievales, mucho más centrados en ellos (qué sorpresa).

¿Por qué desapareció este rito?

Su declive coincide con el Concilio de Trento, en el siglo XVI, cuando la Iglesia católica endureció su postura frente a cualquier vínculo que pudiera confundirse con el matrimonio sacramental entre hombre y mujer.

Casi mil años después de Pedro y Muño, en LGTBodas seguimos creyendo en lo mismo que ellos buscaron en su día: que el amor y el compromiso tengan un lugar reconocido, sin tener que llamarlo de otra manera. Si estáis planeando el vuestro, en nuestro directorio de proveedores con Sello Seguro encontraréis quien os acompañe a construirlo. 💗


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